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La llegada del Siberiano a España

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LA LLEGADA DEL SIBERIANO A ESPAÑA

(Especial de TODO GATOS, número 32, junio 2002; texto: Todo Gatos, fotos Albert's; todos los gatos son del afijo Fantasía de Siberia;

En 1988 Terrell vio un articulo en una pucblicación especializada en la que se buscaba a criadores interesados en mandar gatos himalayos a Rusia para promover el desarrollo de esta raza en aquel país. Terrell decidió participar en este intercambio y envió dos de sus gatos a un criador del Club Kotofei de San Petersburgo, a cambio de varios siberianos.

Por su parte, Boehm leyó un articulo sobre los siberianos escrito por una criadora alemana y, poco después, se enteró que esta criadora iba a participar con sus gatos siberianos en una exposición internacional que estaba a punto de celebrarse en Orlando, Florida.

SIBERIAN BASTET acaba de cumplir 10 años. El año pasado nos comunicaron nuestros amigos de FANTASÍA DE SIBERIA, que tuvieron que dormir a MURKA, a la edad de 17 años, y este año ha fallecido YURI, con 14 años. Despedidas dolorosas de animales inolvidables, pero los años pasan y no perdonan. Queremos hacer un homenaje al primer criador de siberianos en España y a los espectaculares gatos que hemos conocido gracias a ellos, Francisco Collado y Montse Hernández. Se nos ha ocurrido recuperar el primer especial del gato siberiano en la desaparecida revista TODO GATOS. Transribimos el reportaje literalmente, tal como se nos presentaba esta raza hace mas de 10 años. (Observación importante: En Siberian Bastet compartimos algunas, pero no todas las opiniones aquí expresadas. En investigaciones posteriores se han rectificado muchas de las teorías aquí expuestas. Una de las grandes dificultades de esta raza era precisamente, que en los comienzos en Europa no se sabía absolutamente nada de ella, y fue solo en largas conversaciones con criadores de primera hora y con buenos contactos en Rusia, que pudimos esclarecer el origen y la historia de esta raza)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Siberiano (El gato que vino del Frio)

Como se puede intuir por su impresionante aspecto y su fisionomía, el Siberiano es un gato con una fuerza extraordinaria, resultado de muchos años de selección natural en una tierra donde las condiciones son terriblemente duras. Su llegada a Europa es reciente y, según apuntan los últimos descubrimientos, su pelo no provoca alergia.

Al igual que el Maine Coon (procedente del Estado de Maine, en los Estado Unidos) o el Bosque de Noruega, el nombre del Siberiano deja bien claro cuáles son sus orígenes: la fría Siberia. En un principio se trataba de gatos comunes descendientes de los cruces producidos entre gatos salvajes de los montes Urales y del altiplano de Siberia Central, con gatos domésticos llevados a Siberia por los primeros colonos.

Los gatos siberianos solían vagabundear por los mercados de Rusia y por los bosques de su Siberia natal. Su expansión hacía el resto del país se debe a la acción de los emigrantes rusos, que los llevaron consigo en sus viajes a Moscú y San Petersburgo.

 

 

 

En estas ciudades los criadores siguieron su tarea de desarrollo de la raza, lejos del inhóspito clima del norte del país.

Con el paso de los años, el Siberiano se fue implantando con fuerza como gato autóctono de Rusia. Sobrevivió a los rudos inviernos rusos, sobre todo gracias al desarrollo de un grueso manto. Además de ser muy tupido y abundante, su pelo está cubierto por un aceite que lo hace impermeable al agua. Durante esa época, nadie se preocupó por convertir al Siberiano en un gato con pedigrí. Una de las principales razones es que el Gobierno ruso no permitía a la población tener un animal de compañía en casa, ya fuera con o sin pedigrí, debido a la escasez de alimentos.

La primera descripción del Siberiano aparece en 1925 en el "Brehms Tierleben", junto con los gatos de pelo semi-largo del Cáucaso. Se han contado muchas historias sobre la cría de los siberianos que no han podido ser comprobadas a ciencia cierta. Sin embargo, existen documentos que prueban que estos gatos ya existían en el año 1000.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La primera exposición de gatos celebrada en Moscú tuvo lugar en 1988 y, desde entonces, se han creado numerosos clubs y han aumentado considerablemente los registros.

Llegada a Europa y Estados Unidos Quizás el Siberiano es un gato bastante más conocido y difundido en los Estados Unidos que en la Europa Occidenta. El desarrollo de esta raza en el continente americano se debe principalmente a Elizabeth Terrell de Louisiana, y a David Boehm de Nueva Jersey. Ambos entraron en contacto con criadores rusos aproximadamente en el mismo momente para interesarse por la cría de sibarianos.

De hecho queda constancia de que fue una de las tres razas de pelo largo representadas en una exposición que tuvo lugar en Inglaterra en el año 1700.

Según cuenta la historia, estos magníficos gatos vivían en los monasterios rusos. Al parecer, paseaban por sus altos muros, haciendo uso de su fuerza, agilidad y velocidad. Desarrollaban principalmente tareas de vigilancia, para prevenir a los habitantes de los monasterios de posibles intrusos. Además hacían compañía a los monjes y les mostraban una gran lealtad.

En los años posteriores a la Guerra Fría, los clubes de gatos empezaron a estar de moda en Rusia y el Gobierno autorizó a los ciudadanos a tener animales de compañía.

Uno de los clubs más importantes de Rusia, creado en 1987, es el Kotofey de San Petersburgo. Este club toma su nombre de un personaje de la literatura rusa, caracterizado por tener la cabeza de gato. Es uno de los pocos clubs rusos que pueden expedir certificados oficiales de pedigrí.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un gato imponente El siberiano es un gato de fisionomía grande y fuerte, que tarda unos 5 años en alcanzar la madurez completa. A partir de ese momento, luce un aspecto verdaderamente elegante, capaz de impresionar a cualquiera. Las hembras pesan algo menos que los machos y también presentan un tamaño algo inferior. Por lo general, el peso de los siberianos suele estar entre 4,5 y 9 kilos. Sin embargo, algunos ejemplares machos, sobre todo los que han sido castrados, pueden llegar a pesar incluso dieciocho o veinte kilos.

Se trata de gatos extremadamante ágiles y grandes saltadores. Sus músculos son compactos, muy potentes, voluminosos y fuertes. El cuerpo es de longitud moderada y de apariencia rectangular. Tienen un dorso largo, con la espalda ligeramente curvada o arqueada, pero cuando están en movimiento, la mantienen derecha.

 

 

 

 

 

El primer gato que compró fue un mcho, que llevó escondido bajo su chaqueta hasta el hotel, ya que en el establecimiento no admitían animales. La actitud del "americano que buscaba gatos" empezó a intrigar al personal del hotel. Boehm iba repartiendo medias, cigarrillos y generosas propinas. A cambio de estos suculentos obsequios, los empleados empezaron a ayudarle y, después de cinco días en San Petersburgo, Boehm ya disponía de trece siberianos. Finalmente, a su regreso a Estados Unidos, llevó consigo un total de quince gatos.

El siberiano alcanzó pronto un gran éxito en los Estados Unidos y consiguió desbancar al coloso de América, el Maine Coon. Esta raza ha visto como, en los últimos años, la mayoría de galardones de las exposiciones han sido acaparados por los siberianos.

En cuanto a su llegada a Europa, ésta no se produjo hasta el año 1989. Concretamente, el primer Siberiano registrado en este continente fue importado directamente de San Petersburgo a Alemania por los criadores Hans y Betty Schulz. En los últimos años, de su criadero han salido numerosos ejemplares de siberianos que se han convertido en grandes campeones.

 

Tras hablar personalmente con ella, decidió viajar a Rusia para adquirir algunos ejemplares de Siberiano y llevarlos a su país, con el objetivo de implantar allí la cría de estos animales. Boehm no sabía que Terrell se le había adelantado en la adquisición de siberianos, ya que prácticamente en el momento en que Boehm llegaba al aeropuerto de Moscú, tres gatos de entre nueve y quince semanas embarcaban hacía el criadero de Elizabeth Terrell en los Estados Unidos.

Al llegar a San Petersburgo, Boehm se informó sobre dónde podía conseguir siberianos. Le aconsejaron comprarlos en la exposición que se iba a celebrar ese mismo fin de semana. Sin embargo no le interesaba esperar y decidió actuar por su cuenta. Con un cartel escrito en ruso en el que ponía "busco gatos siberianos" empezó a pasear por los mercados de la ciudad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 


La frente es ancha y los pómulos no son prominentes ni altos. Su expresión facial es de extrema dulzura. Entre las orejas y los ojos debe haber una distancia correcta. La parte superior de la cabeza es plana, con una ligera curva nasal. El cuello es medio-largo, con una base ancha, y bastante redondo, así como muy fuerte y musculoso.

Los ojos son grandes, expresivos y prácticamente redondos. Están muy separados entre sí y la comisura exterior está orientada hacia la base interna de la oreja. No existe ninguna relación entre el color de los ojos y el manto. Sin embargo, en la mayoría de casos, el Siberiano tiene los ojos de un tono verde dorado.

El tamaño de las orejas es medio-largo, abiertas en la base y bien separadas. Están situadas en los ángulos de la cabeza e inclinadas hacia abajo. Son anchas en la base y con el extremo redondeado. Es deseable que, en las puntas, el pelo termine formando un mechón, parecido al de los linces. En la parte posterior de las orejas, el pelo es corto y fino. En la parte media es más largo, se va haciendo más tupido conforme desciende hacia la base y ésta queda cubierta por completo.


El tórax tiene forma redondeada y el vientre es compacto y redondo. Tanto los músculos del estómago como los de la cintura, se desarrollan con la edad. Las patas son redondas, moderadamente largas, gruesas y muy potentes. Las posteriores, cuando están extendidas, son ligeramente más largas que las anteriores. Los pies también son muy grandes y presentan una forma redonda. Se valora especialmente los ejemplares con penachos entre los dedos. Las almohadillas armonizan con el color del pelo.

La cabeza es de tamaño medio, cuneiforme y de contornos redondeados, más ancha en el birrete y ligeramente más estrecha hacía el hocico. Este es lleno y redondeado., al igual que el menton. La piel de la nariz va en consonancia con el color del pelo.

 

Un manto espectacular El manto de los siberianos es realmente espectacular. Puede ser de semilargo a largo y es especialmente espeso en el cuello, en las extremidades inferiores y en la cola.

Dispone de un subpelo adherido al cuerpo. Esta capa inferior es de un color ligeramente más claro que el resto del manto y poco espesa, qunque en épocas de frío tiende a incrementarse. Tiene una abundante gorguera completa.

Hay una diferencia notable entre el pelo que cubre a estos gatos en invierno y en verano. En general, cuentan con un manto muy tupido, que les permite soportar las frías temperaturas y las inclemencias meteorológicas propias de su región de origen.

Además, su pelo repele el agua, una condición imprescindible para protegerse del agua, la nieve y la humedad. Su piel es muy gruesa y está desarrollada para cumplir perfectamente la función de termorregulación. En algunos ejemplares, la piel tiene un legero tono azulado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Durante el verano pierde el pelo de forma espectacular, hasta el punto de parecer un gato de pelo corto.

Se trata de un gato al que le gustan los grandes espacios, pero que con el paso de los años y gracias a los repetidos cruces con gatos domésticos se ha ido adaptando perfectamente a la vida en piso. La situación ideal para el Siberiano es disponer de un jardín o una parcela para jugar y liberar su necesidad de libertad e independencia. Sin embargo la falta de acceso al exterior no plantea ningún problema, ya que estos gatos se conforman también con un árbol artificial forrado con moqueta. Evidentemente, el Siberiano puede exponerse sin ningún riesgo a la vida en el exterior, gracias a sus orígenes y a su espeso manto. Además es un gran nadador y le encanta jugar con el agua. Es muy probable sorprenderle mojando sus juguetes en el recipiente donde suele beber o lanzándose a la bañera antes de que ésta acabe de vaciarse.

 

Un gran carácter Parece ser que los primeros gatos siberianos tenían un carácter bastante fuerte. Los primeros colonos rusos que llegaron a Siberia, lo sabían, y por ello solían utilizar a estos gatos en labores de guarda y defensa. Con el paso de los años, los criadores ha intentado poner siempre especial atención para mantener el aspecto selvático del Siberiano, a la vez que han procurado limitar al máximo su naturaleza rebelde.

Es un animal muy vivo, inteligente y juguetón. Aprende con facilidad y es capaz de buscarse la vida para conseguir lo que desea. Tiene excelentes dotes de cazador y una gran necesidad de libertad. Los siberianos nunca salen huyendo o a esconderse cuando ven a un extraño. Al contrario, si es necesario no dudarán en plantarle cara.

La bondadosa expresión de su cara es el vivo reflejo de su carácter. A los siberianos les encanta que les hablen y acuden a toda prisa cuando su dueño les llama por su nombre.

En cuanto a los colores del manto, en las exposiciones se admiten todos con las correspondientes combinaciones o dibujos. Sin embargo, se excluyen las tonalidades pointed. Desde el punto de vista genético, son posibles todos los colores. En los ejemplares atigrados se admite el blanco en el mentón, el pecho y el vientre. El color siempre debe ser intenso. El más común suele ser el tabby marrón. El pelo más largo es más claro en la zona cercana a la piel y más oscuro hacia las puntas. Gracias a esta característica, cuando el gato está en movimiento se produce un efecto irisado.

Cuidados El Siberiano no es un gato que necesite demasiados cuidados. Gracias a su pelo graso y pesado se enreda poco. Para mantenerlo siempre en buen estado basta con cepillarlo regularmente. Estos cepillados deben intensificarse especialmente en época de muda, para mantener el pelo en buenas condiciones.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Os dejamos con este documento histórico, que como ya digo más arriba, no nos debemos tomar al pie de la letra, contiene algunos errores importantes, que se desconocían en aquellos años y que ya están corregidos en la historia oficial de esta raza. También era muy difícil escribir algo sobre siberianos, cuando era una raza totalmente desconocida, y el autor no convivía con ellos.

No obstante, para nosotros fue el comienzo de una larga historia de amor, innumerables horas de estudio, investigación, selección de fotos, miles y miles de kilómetros recorridos para conseguir animales de este calibre, la convivencia con nuestros gatos, la amistad y experiencias compartidas con los mejores criadores de Europa y de España.

Tenemos dos gatas de FANTASIA DE SIBERIA que aún están con nosotros, ARMONÍA a la que llamamos RAISSA, hermana de YURI, NADIA, la belleza tortuga azul que véis arriba, ambas ya con 12 años. Como no podía ser de otra manera, sus hijos y sus nietos forman los pilares de lo que constituye nuestro criadero hoy en día.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Les encantan las caricias y las agradecen con un ronroneo particular, el mismo que utilizan cuando acuden a saludar a sus seres queridos. Cuando están contentos, hacen un curioso movimiento con la cola.

En ocasiones pueden mostrarse algo reservados. Los machos son mas dados a la independencia mientras que las hembras, en general, suelen tener un carácter más hogareño.

Cuando están a punto de dar a luz, tienen tendencia a apartarse y buscar un lugar escondido y seguro, para que nadie les moleste.

Los siberianos suelen establecer un vínculo muy fuerte con su amo, al que consideran su jefe de manada. El propio gato se encarga de elegir quién será la persona que ostentará ese privilegio, a la que obedecerá sin rechistar y dedicará toda su atención.

Este comportamiento jerárquico no deja de ser curioso, ya que es muy propio de los perros pero infrecuente en los gatos.