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LA CAPACIDAD DE SUFRIR (Todo Gatos nº 146, texto Redacción, fotos SIBERIAN BASTET)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cómo erradicar el sufrimiento Para controlar, primero, y suprimir, después, el dolor del gato se puede hacer de una forma directa con una intervención quirúrgica. ¿Pero qué sucede cuando el animal no puede ser operado? Pues al gato se le administra analgésicos primeramente. Existen medicamentos con una eficacia variable, al igual que de toxicidad variable. Es por ello que no debemos utilizar un antiálgido sin consultar antes con nuestro veterinario de más confianza. El paracetamol, por poner un ejemplo, es un gran tóxico para un animal como el gato, al igual que otros productos. En el caso que se trate de una afección que no tiene cura, el veterinario intentará frenar su evolución y aliviar al máximo el sufrimiento del animal.

Esta falta de actividad tiene, como consecuencia, una disminución de la masa muscular por atrofia, lo que hace que sea más difícil la utilización de ese miembro. ¿Cómo diagnosticar la artrosis? Consiste exactamente en realizar un examen de la marcha y en la manipulación de la articulación que resulte afectada. La región dañada suele estar deformada y la musculatura está atrofiada. Posteriormente, las radiografías permitirán a los veterinarios evaluar la gravedad de la artrosis y de esta manera prescribir el mejor tratamiento posible para esta afectación. ¿Qué factores pueden provocar dolores articulares en los gatos?

Pues por ejemplo un exceso de vitamina A que suele suceder en los gatos que comen demasiado hígado. En esta situación se produce una calcificación del esqueleto del animal que causa una espondilitis anquilosante, caracterizada por la formación de excrecencias óseas en las vértebras, sobre todo, en las cervicales. Esta dolencia provoca dolor, letargia, reticencia al movimiento y una cojera constante de uno de los miembros anteriores.

 

 

 

 

El tratamiento frente al dolor puede ser prescrito para largos periodos de tiempo, si fuese necesario. Se debe seguir al pie de la letra la pauta de dosificación que nos mande el veterinario.

Otros riesgos Los gatos que viven en apartamentos en el centro de la ciudad y se pasean por los balcones corren el riesgo de caerse al vacío, ya sea a un patio o a la calle. En estos casos, las fracturas de patas es lo más común que se encuentran los veterinarios en las salas de urgencias. En estas situaciones el gato reacciona con violencia se se les toca la zona fracturada, usando sus uñas y sus dientes. Pero si no se les toca la zona afectada toleran bastante el dolor.

 

Durante mucho tiempo se ha dudado que los gatos sintiesen dolor. Esto se debe al hecho de que pocos de ellos se quejan y que, con frecuencia, sólo apreciamos un simple cambio de conducta, muchas veces discreto, pero que nos hace sospechar de la existencia de un proceso doloroso. ¿Cómo podemos valorar el sufrimiento de un animal, y más concretamente el de un gato? Evidentemente ellos no nos pueden hablar para informarnos de que algo le está doliendo. Tenemos que estar pendientes de diferente tipos de dolor, ya sea físico o psíquico.

Como ser vivo que es, el gato también sufre, y este sufrimiento puede ser tanto físico comp psíquico. Como dueños de los gatos debemos saber interpretar el comportamiento de nuestra mascota para llegar a la conclusión que éste está padeciendo. El dolor  en los animales es una realidad y debemos tenerlo en cuenta como en los humanos. El sufrimiento debe ser considerado como un mecanismo de defensa, pero cuando ya ha jugado su papel, entonces se vuelve inútil y debe ser combatido. Se ha demostrado que los animales sienten el dolor de una forma muy semejante a la nuestra, pero que lo manifiestan de forma totalmente distinta que los seres humanos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los gatos tienen sus propias formas de comunicación. Así que habrá que tener muy en cuenta y estar atentos a ciertos comportamientos, ya que un lenguaje corporal particular del gato o bien algunos signos clínicos pueden ser sintomáticos del dolor. De todas maneras, la socialización del gato y su contacto mas o menos estrecho con el hombre, en función de las razas y de los modos de vida, pueden exagerar estas manifestaciones en ritmo y en intensidad.

El dolor El dolor de gato se produce en dos tipos de fases diferentes y consecutivas. Primero existe un dolor repentino y punzante. Éste puede ser agudo o crónico, localizado o difuso, constante o alterno. ¿Pero cómo podemos reconocer este dolor en el animal? Existen ejemplos muy evidentes y claros, y otros en cambio son muy complicados de poder interpretarlos: agitación o, por el contrario, inmovilidad, agresividad, apatía, pérdida de apetito, dificultad para dormir, aumento del ritmo cardíaco y respiratorio, etc. De hecho, se puede decir quo toda modificación durable del comportamiento de un gato puede ser un signo de dolor y debe hacernos acudir al veterinario. Un gato es capaz de adaptarse hasta en situaciones muy extremas de dolor, como por ejemplo el caso de la pérdida de un miembro.

 

 

La experiencia muestra que por ejemplo un gato sin una pata se puede adaptar y compensar su déficit locomotor muy bien. Uno de los problemas con los que podemos encontrarnos a menudo es la obesidad. En estos casos la movilidad del animal será más reducida y resulta más o menos soportable según su importancia y también según cada sujeto.

Problemas articulares Evidentemente los animales están expuestos a los dolores articulares, y los gatos en particular no son ninguna excepción. La artrosis, por ejemplo, es una afección más rara en los gatos pero en cambio afecta más a los perros. La artrosis afecta primero a las articulaciones altas de los miembros provocando cojeras y manifestándose, sobre todo “en frío”. El dolor incita al animal a evitar el apoyo sobre el miembro enfermo, evita correr y sobre todo, saltar. Con la evolución de la enfermedad, el dolor va en aumento y ciertos movimientos son tan dolorosos que el animal puede gemir e incluso volverse agresivo frente a la manipulación de la articulación afectada. En las formas muy evolucionadas, la articulación puede bloquearse parcialmente imposibilitando los movimientos.

 

 

 

Los gatos que salen de forma frecuente a la calle lo más probable es que se vean involucrados en diferentes peleas con sus congéneres u otros animales. Ahí, el gato, lo más probable es que sufra las heridas provocadas por los mordiscos, y las consecuencias pueden ser bastante graves. Otras afecciones también pueden provocar dolor articular. Estas pueden ser el resultado de infecciones bacterianas extremadamente dolorosas y discapacitantes, que pueden provocar una afección aguda llamada artritis, que, mal curada puede acabar en artrosis, una enfermedad crónica y definitiva. Algunos traumatismos, si son de carácter grave, pueden ocasionar también una imposibilidad total de la utilización del miembro afectado.