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DOS MEJOR QUE UNO (Todo Gatos nº 54/2004, texto Redacción, fotos SIBERIAN BASTET)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En cambio esto no suele suceder con las hembras. Si, finalmente, optamos por escoger un macho y una hembra, es muy importante que tengamos muy en cuenta el tema de la esterilización. De lo contrario, lo más probable es que muy pronto nos encontremos con familia numerosa. Por otra parte, en el caso que elijamos dos machos, también tendremos que ir con cuidado en época del celo de las gatas, ya que es posible que se produzcan enfrentamientos entre ellos.

Seguramente éste tendrá ganas de jugar, mientras que el primer inquilino preferirá pasar las horas placenteramente y sin demasiadas emociones. Lo que a uno le gustará, al otro no le parecerá interesante, con lo que es bastante difícil que lleguen a congeniar. En cambio, si optamos por adquirir dos gatos jóvenes con poco tiempo de diferencia lo más probable es que se acostumbren fácilmente uno al otro.

¿Mejor de la misma raza? Algunas personas piensan que es mejor que los dos gatos que viven bajo un mismo techo sean de la misma raza. Sin embargo, esta afirmación no es del todo cierta. Las amistades y enemistades felinas no dependen tanto de las razas, sino de las diferentes caraterísticas de los individuos. Un gato Persa puede ser un gran compañero de un Cartujo del mismo modo que un Devon Rex puede enamorarse perdidamente de un Angora Turco. Por el contrario, también es muy posible que dos gatos de una misma raza no puedan ni verse y tengan que vivir separados porque cuando se encuentran se arma una gran trifulca.

 

 

 

 

Hacer las presentaciones El momento de las presentaciones debe cuidarse especialmente. No podemos introducir un nuevo gato en casa y pretender que el otro lo acepte de buenas a primeras. Ante todo, aunque el nuevo inquilino nos parezca adorable, no debemos mostrar en exceso nuestros sentimientos hacía él. Es decir, no empezaremos a cogerlo, achucharlo, darle besos y mimos mientras el otro gato nos mira desde la distancia.

No existe ningún estudio que demuestre que los gatos, cuando están en compañía de algún compañero de su misma especie, los momentos sin los dueños se hacen más llevaderos. Sin embargo, lo más lógico es que así sea. Es probable que mientras uno esté comiendo, el otro se anime a comer también o se siente tranquilamente a observarle. Pueden jugar juntos, corretear por la casa, dormir en compañía o incluso acicalarse mutuamente. Quizás al no tener que hacer todo esto en solitario el tiempo que pasan solos se haga más corto.

Macho y hembra El sentido común quizás nos lleve a pensar que lo mejor es tener un macho y una hembra. No obstante, no solo no es así sino que muchas veces esta combinación está contraindicada. Una vez esterilizados, tanto pueden entenderse dos machos como dos hembras. Lo más probable es que la rivalidad entre los machos sea mucho más marcada, aunque se trate de ejemplares castrados. El principal problema es que entre dos machos se establecerá una rivalidad para ver quién es el que domina.

En este sentido, podemos decir que los gatos son mucho menos clasistas o racistas que los humanos. Por muy diferente que sea su compañero de piso, si entre ellos se establece un vículo especial lo más probable es que no tengan ningún problema a la hora de hacer buenas migas.

Adiós al aburrimiento Mucha gente cree que los gatos no echan de menos a su dueño ni se aburren mientras sus compañeros humanos no están en casa. ¡Nada más lejos de la realidad! Es posible que esta idea venga del hecho que los perros dan muestras de aburrimiento y de malestar cuando añoran a sus dueños. Ladran y muerden todo lo que encuentran a su alcance. En cambio, muchos dueños creen que sus gatos, cuando están solos en casa, se pasan el rato durmiendo y no se sienten solos. Por una parte esta afirmación es cierta, ya que estos pequeños felinos pasan gran parte del día durmiendo. No obstante, también echan de menos a sus dueños. Prueba de ello es que muchos esperan ansiosos la llegada de sus dueños y les dan la bienvenida cuando llegan a casa

 

 

Muchos propietarios de gatos, contentos con la compañía y las alegrías que les da su pequeño amigo, se plantean la posibilidad de ampliar la familia adoptando o comprando otro gato. Ante esta situación, se plantean una serie de preguntas: ¿la cohabitación es más fácil cuando los gatos son jóvenes? ¿es mejor tener macho y hembra¿ ¿deben ser de la misma raza?

Sin duda, detrás de esta acto existe un motivo "egoista", ya que por un lado nos encanta su compañía y estamos convencidos de que la diversión en casa todavía sería mayor con dos animales. No obstante, la incorporación de un nuevo compañero también viene fundamentada por motivos altruistas: queremos que nuestro gato esté contento y, para conseguirlo, qué mejor que la llegada de un compañero. Una de las principales dudas que se plantean

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

los dueños a la hora de acoger a un segundo gato es qué edad es la ideal para hacerlo. Lo cierto es que, cuando ya se tiene un animal. lo mejor es no tardar demasiado en adquirir el segundo. Si el primer inquilino tiene dos o tres años, lo más probable es que no plantee demasiados problemas a la hora de aceptar al recién llegado. Es posible que en un primer momento sienta los típicos celos y no esté demasiado contento con la presencia de este "extraño". Sin embargo, por regla general esta animadversión es sólo pasajera y el gato aceptará muy pronto a su nuevo compañero. Otra cosa muy distinta es cuando el gato ha sido "hijo único" durante muchos años. Como es lógico, durante este tiempo habrá adquirido una serie de costumbres y de manías que probablemente se verán perturbadas con la llegada de otro ejemplar. En este caso, incluso es posible que el primer inquilino llegue a sufrir un trauma, que lo pase muy mal o que se deprima.

 

 

De entrada, lo más probable es que el gato nos muestre que no se siente a gusto con la situación. El nuevo huésped es considerado como un intruso y, en los casos más graves, incluso es posible que el gato "más antiguo" caiga en una depresión al sentirse desplazado. A veces, nos mostrará su malestar a través de una conducta apática, dejando de jugar o de comer. Otras presentará un comportamiento rebelde, orinará y defecará en sitios donde lo tiene prohibido. Puede que nunca llegue a aceptar a su nuevo compañero, pero tampoco deberíamos alarmarnos, ya que en la mayoría de casos, no encontraremos problemas. Eso sí, la adquisición de un nuevo gato no debería llevarse acabo cuando el primero es muy mayor (por ejemplo, cuando ya tenga 14 o 15 años). LLegados a esta edad, lo que le toca al gato es tener una jubilación lo más tranquila posible. No es conveniente que, cuando más tranquilidad buscará el animal, nosotros metamos en su vida a un gato jóven.

 

 

 

Evidentemente, la reacción de esta ejemplar será una crisis de celos, cosa que no ayudará en absoluto. Por el contrario, debemos hacer mucho caso a nuestro primer gato, haciéndole ver que el otro no ha llegado para ocupar su puesto, sino que él seguirá siendo el "preferido". Con un poco de paciencia por parte de todos, es muy probable que no tengamos excesivos problemas. .